Diariamente en los Estados Unidos 3,600 jóvenes menores de 18 años fuman su primer cigarrillo y aproximadamente 900 jóvenes se vuelven fumadores diarios. Muchos de estos adolescentes serán adictos antes de ser adultos como para comprender los riesgos, y padecerán enfermedades graves causadas por el consumo de tabaco o morirán.

 

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El consumo del tabaco por parte de los jóvenes no sólo es el resultado de las influencias psicosociales, como presión por parte de sus amistades o compañeros de escuela, sino que las investigaciones recientes sugieren que puede haber razones biológicas para este periodo de mayor vulnerabilidad. La adicción a la nicotina influye más en los jóvenes que en los adultos. Puesto a prueba con animales de laboratorios, los jóvenes fueron más adictos al consumo de la nicotina que en los animales adultos.

Los jóvenes también parecen ser más sensibles a los efectos de refuerzo de la nicotina combinada con otras sustancias químicas que se encuentran en los cigarrillos, aumentando así su susceptibilidad a volverse adictos al tabaco. Como les comente anteriormente, el acetaldehído aumenta las propiedades adictivas de la nicotina en los animales adolescentes, pero no en los animales adultos. Un estudio reciente también sugiere que hay genes específicos que pueden aumentar el riesgo de la adicción en las personas que comienzan a fumar durante la adolescencia.

Muchos adolescentes empiezan a fumar como forma de desobedecer a sus padres, la escuela o la sociedad en general. La desobediencia forma parte de la adolescencia y en cierto modo es irrevocable, pero hay medios que puedes crear para ayudarle a dejar el hábito hacia el tabaco. Por supuesto, tu labor será más fácil, Si No Fumas. De otro modo, lo tienes mucho más difícil.

Como padre, amigo o familiar puedes ayudar al adolescente explicándole las desventajas de fumar. La adolescencia es una época de muchos cambios físicos y de un mayor interés sobre su propia apariencia física. Por eso puedes enfocarte en los problemas físicos que aparecerán con el consumo de tabaco. Tos crónica, dientes amarillos, mal aliento, ropa que huele mal, mayor probabilidad de desarrollar ataques de acné juvenil, piel reseca, más grasa en el pelo… Además de los efectos más graves sobre el cáncer pulmonar y la salud en general de los consumidores.

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